El rugby argentino en su laberinto

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Updated: noviembre 30, 2020

 

El rugby argentino finalizará el año como lo inició: en el ojo de la tormenta. La histórica victoria ante los All Blacks fue apenas un bálsamo en un 2020 cruel que arrancó con el crimen de Villa Gesell, continuó (y continúa) sin rugby en los clubes y asoma diciembre envuelto en críticas por el “no homenaje” de Los Pumas a Diego Maradona.

El video compartido hoy, con todo el plantel reunido y la voz del capitán Pablo Matera expresando las disculpas del caso y manifestando el sentimiento del equipo hacia Diego, desató una segunda ola de burlas, reproches y cuestionamientos. Tal vez no era el momento. Estaba claro que lo que se hiciese sonaría oportunista y, en este contexto tan particular, poco creíble. Eso sucedió. Alarma la falta de “timming” de los ejecutores.

Las feroces críticas a Los Pumas laceran el ya dañado tejido del rugby argentino todo. En ninguna otra disciplina deportiva un seleccionado es tan representativo de sus bases. La esencia del rugby argentino y sus declamados valores se materializan en Los Pumas. Por eso, el daño es enorme y afecta al país rugbístico entero.

En la UAR hay mucha desazón. También desconcierto, infiere este cronista. Las explicaciones de su presidente Marcelo Rodríguez no colaboraron mucho. Los (aunque viejos, repudiables) tuits de algunos jugadores, rescatados por las perversas redes sociales, mucho menos. Todo lo que se avanzó durante el año con el Programa Rugby 2030 “Hacia una nueva cultura” se cayó a pedazos. Cuentan que tras el triunfo ante All Blacks el tráfico positivo en redes de la UAR aumentó un 20 por ciento. Ahora el tráfico negativo es incalculable. El perjuicio, inconmensurable.

La responsabilidad es compartida. Los dirigentes no quisieron “perturbar” el gran momento deportivo del plantel y no emitieron señales claras desde Buenos Aires respecto a qué hacer con el tema Maradona. Públicamente se hacen cargo, pero a 13 mil kilómetros de distancia el plantel resolvió hacer lo que se vio. O, más bien, lo que no se vio. Sólo unos pocos sabrán las razones, pero el argumento del posible desenfoque del partido es muy débil. Nadie tenía más presión el sábado pasado que los All Blacks; sin embargo, hicieron lo que todos vimos. Rompieron con una tradición sagrada y centenaria, y desnudaron a sus adversarios.

En un año maldito, lo que el rugby argentino vive en estas horas es muy triste.  Igualmente, debería ser aleccionador. Históricamente ha mirado demasiado su propio ombligo. Las consecuencias están a la vista.

 

 

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