La última camiseta de un mito de Urú Curé

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Updated: junio 17, 2020

 

¿Cómo elegiría retirarse un jugador de rugby? Seguramente como Guillermo Rojo, el mítico segunda linea de Urú Curé, que decidió su retiro a los 39 años, tras 17 de vestir la camiseta de la primera del club riocuartense. El último juego de Mito fue en su casa, en un partido que definía una clasificación, rodeado de sus afectos, homenajeado antes y después, jugando los 80 minutos, ganando el último ruck del partido, festejando la victoria, llorando la despedida. Sucedió un 8 de octubre de 2012 y la camiseta que transpiró esa tarde descansa en la habitación de su hijo. Es su trofeo más valioso tras casi dos décadas de batallas. Es la camiseta que simboliza un recorrido único.

 

“Ese día jugábamos contra Palermo Bajo por la clasificación al Torneo del Interior B, era un partido importante y se jugaba en casa (Nota: ganó Urú, 15-10). Yo ya había decidido no jugar más, tenía 39 años, estaba cansado, golpeado por todos lados. Era una decisión dura porque jugué durante mucho tiempo”, cuenta Mito, que continuó vinculado a Urú como entrenador e integró el staff técnico que condujo el año pasado a la Lechuza a su primera coronación en el rugby cordobés.

Volvamos a aquella tarde de hace ocho años y a los recuerdos del segunda línea. “Fue una tarde rara. Era octubre, pero hacía frío, estaba lluvioso, había ido toda mi familia pero yo no sabía lo que me habían preparado. En la entrada de calor, me dice el Cuervo (Diego Ghiglione, el entrenador): ‘Abstraete de esto. Esperá un ratito acá, nosotros entramos y después entrás vos’, me dijo. ¿Viste cómo es él?, quería ganar. Entré y lo primero que vi fue a mis hijos, que estaban al costado de la cancha vestidos de Urú Curé, y después un pasillo gigante donde estaban mis compañeros, ex jugadores, con una camiseta que decía “gracias Mito”. Fue muy emocionante para mí, porque pasé años espectaculares en el club. Los sigo pasando, ahora como entrenador, pero los mejores momentos son como jugador”.

Mito encaró el pasillo con el corazón sacudido y la emoción fue más intensa cuando entre tantos rostros queridos vio al responsable de toda esta historia, al hombre que le presentó ese amor llamado Urú Curé. “Estaba muy emocionado porque vi que estaba quien me llevó al club: Carlos Pedra. Empecé en el rugby de grande, a los 20 años. Estudiaba profesorado de educación física, el profe de rugby era Carlos, que había jugado en Urú, y me dijo que fuese a jugar al club. Cuando lo vi en la cancha me emocioné. Y por mis hijos, por tantos años de aguante. Nunca pensé en recibir tanto afecto y que la gente me dijese gracias. El agradecido soy yo por haber vivido muchas cosas en el club”.

Y además, se jugó un partido…
El partido era muy importante. Yo ya había dejado la capitanía, porque entendía que debía dejarla en manos de los chicos de la camada que luego ganaría todo. La cinta la tenía Manuel Fernández Sardina y en el vestuario me dijeron que el capitán en ese partido debía ser yo. También fue muy emocionante. Había que jugar y ganar. Pensé que iba a jugar 40 o 50 minutos, pero jugué los 80 y me encantó. Ibamos palo palo, Bajo nos tenía acorralados en el ingoal nuestro, mucho pick and go, y en la última pelota, contraruckeo, paso, queda del lado nuestro, la despejamos afuera y terminó el partido. Mejor que eso no puede haber sido, casi como una película.

¿Y después qué pasó? ¿Cómo fue llegar a tu casa, dejar el bolso y saber que nunca más vestirías esa camiseta como jugador?
Dije unas palabras, yo lloraba como un bebé y mi hijo lloraba a la par mía. Nos quedamos a comer un asado. Llegué a mi casa, me encontré con muchos carteles que habían hecho mis hijas y también fue muy emotivo. Había llorado como un perro todo el día. Imaginate, jugué 17 años en primera y dicen que fui el jugador del club con más partidos consecutivos. De todo lo que había hecho, eso me llamaba mucho la atención.

¿Qué pasó con la camiseta?
La camiseta la guardé, es mi última camiseta. Pasaron muchas temporadas y siempre nos quedábamos con la última camiseta, pero ésta tiene un sabor especial por mi retiro y por todas las sensaciones de la última jornada. El club me regaló una camiseta enmarcada. La tengo en la pieza de mi hijo.

¿Cómo fue asumir que no jugarías más?
Sentía un vacío tremendo, pero nunca se me pasó por la cabeza volver o jugar, ni con los veteranos. Mi viejo me enseñó que las decisiones hay que tomarlas e ir al frente, no volver hacia atrás. Siempre pensé que hay que dar el paso al costado en el momento justo.

¿Por qué creés que tuviste tanta vigencia?
La vigencia es por la constancia, tenés que entrenar, sacrificarte y dejar algunas cosas de lado. Mi familia y mi novia/esposa me bancaron siempre y eso es muy importante para un jugador de rugby. Además, me entrené siempre. Terminé jugando 80 minutos en el partido de mi retiro. Nunca me gustó salir, me embolaba. Me gustaba y lo hacía por pasión.

Seguiste ligado al club como entrenador. No te fuiste nunca de Urú…
Al año siguiente entrené la primera con Diego y salimos campeón del Interior B. Por ahí pensé que podría haber estado adentro, pero era lo mismo, estaba al lado de la cancha, disfrutaba de cómo jugaban los chicos. El momento más grandioso fue el título del año pasado. Fue tremendo, me sentí parte por todo el proceso que llevó a ese logro.Estaba seguro que Urú iba a salir campeón de Córdoba alguna vez. Era mi mayor sueño, dar la vuelta como campeón de Córdoba, sea como jugador o entrenador. Veía que estos chicos lo iban a lograr. Ahora estoy entrenando la M19.

Cuando mirás atrás y repasás tu historia, ¿a quiénes agradecés?
Agradezco a mi familia, a mis amigos de la Peña. A mis amigos de la vida como Santi Losada, el Cuervo, el Porrón, son mis grandes amigos que me bancaron siempre y haber sido campeón con ellos significó mucho. Y el Gabi, el Tavo, Lototo, el Laya, el Chango, el Iván Gutiérrez, el Martín San Millán, el Tato Lovato, el Pepino Dalvit, haber estado juntos cuando salimos campeones fue muy lindo.

Fotografías: Facebook Urú Curé

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